Debates Penales Contemporáneos
29 de abril de 2026
Que la falsa ciencia no arruine otra vida: Sobre el Síndrome del Bebé Sacudido
Cuando la “ciencia médica” promueve una injusticia contra un hombre inocente.
En ocasiones anteriores hablamos del acreditado fenómeno de las condenas a personas inocentes. Un fenómeno mucho más grande y frecuente de lo que podríamos pensar. En una de esas entradas explicamos por qué los psicólogos y psiquiatras que actúan como peritos tienen parte de la culpa en esas condenas, y aunque quedan muchos puntos por desarrollar, en las próximas entradas quiero que hablemos de la responsabilidad de los médicos legistas.
Para ello, es oportuno empezar por la historia de Robert Roberson.
Roberson era un consagrado padre para Nikki, su hija de apenas 2 años. Ni ser una persona en el espectro autista, ni ser padre soltero, le impedía proporcionarle el cuidado y bienestar que requería. Los vecinos veían a un padre amoroso y a una hija feliz. (Innocence Project, 2025)
Para el 31 de enero de 2002, sin embargo, todo cambió. Nikki llevaba algunas horas enferma: fiebre, dificultad leve para respirar y vómito. Por eso Robert dormía con ella cuando un golpe lo despertó: Nikki había caído de la cama. Alarmado, la levantó y vio que estaba muy mal. No respondía. Casi no respiraba. Convulsionaba. En minutos, ambos estaban en el Palestine Medical Center, el hospital más cercano.
Robert tartamudeó pero logró contar lo sucedido. Su rostro no mostraba temor ni dolor (Innocence Project, 2025). Esto hizo que el personal médico, en lugar de considerar su autismo, sospechara de su historia y, tras la muerte de la niña, arribara al diagnóstico del síndrome del bebé sacudido (SBS). Los peritos médicos, después, opinaron lo mismo.
¿Pero qué es el SBS? Resulta que desde 1971 un neurocirujano pediátrico del Reino Unido llamado Norman Guthkelch, tras analizar un grupo reducido de casos, propuso como teoría que la hemorragia subdural –en el cerebro–, acompañada de hemorragia retiniana –pequeños sangrados dentro de la retina– y la encefalopatía –daño global en el cerebro normalmente expresado en convulsiones o pérdida de conciencia– constituían una triada de signos indicativos de que un bebé había sido sacudido violentamente, aún sin evidencia externa del trauma, como moretones o fracturas (Guthkelch, 1971).
Luego, el pediatra John Caffey tomó esos signos, los denominó triada del SBS (Caffey, 1972) y sostuvo que permitían inferir responsabilidad del último cuidador. La teoría se expandió y, cada vez que aparecía la triada, médicos testificaban como peritos, contribuyendo a numerosas condenas, como la de Robert Roberson.
Sí, en muchos casos el diagnóstico se acompañaba de otras pruebas, pero en otros la única prueba de cargo era la conclusión pericial sobre el SBS. Ese fue el caso de Roberson: no había evidencia de trauma externo ni de violencia, solo la apreciación pericial (Innocence Project, 2025).
Bajo estos razonamientos médicos, Robert fue sometido a juicio y, con las pericias como única prueba, condenado a muerte.
La “ciencia médica” selló su destino.
La “ciencia médica” lo envió al corredor de la muerte.
La “ciencia médica”, sin embargo, promovió una injusticia contra un hombre inocente.
La “ciencia médica” lo llevó a su ejecución… ¿o no?
En la próxima entrada hablaremos del desenlace del caso y de las razones que permiten afirmar la inocencia de Roberson.