Actualidad
15 de abril de 2026
¿Apel-Marx?
¿Responder a la indignación fragmentándonos o, como propone Jürgen Habermas, construir una comunidad donde todos quepan?
Entre otras ideas interesantes, Alasdair MacIntyre sostiene en su libro “After Virtue” que la indignación es un sentimiento moral propio de la modernidad, porque el lenguaje de los derechos empleado por el individuo choca con una burocracia que se expresa con el lenguaje de la utilidad. Y, después de argumentar que el proyecto moral de la ilustración fracasó, concluye que deberíamos construir formas locales de comunidad que sostengan la civilidad y la vida intelectual y moral; algo así como reducirnos a grupúsculos afines por historia, cultura o etnia. Desde la primera vez que leí el libro (muy bueno, en mi opinión) tengo sentimientos encontrados frente a esta última conclusión, los que se han acrecentado con la irrupción en la esfera de lo público de movimientos de “indignados” y de “grupos identitarios”.
Aunque entiendo que las razones de los “indignados” y la afinidad que exhiben los “grupos identitarios” no necesariamente coinciden con la explicación de MacIntyre, no creo que la fragmentación de la sociedad sea una buena respuesta a la indignación o a la diversidad. Jürgen Habermas, recientemente fallecido, controvirtió ese relativismo en su libro “Moralbewußtsein und kommunikatives Handeln”. Con una clara influencia de Karl-Otto Apel, Habermas contestó a las críticas de MacIntyre transitando de una comprensión instrumental de la razón a una comprensión comunicativa. El desarrollo de este tránsito, visible en la obra de Habermas, tributa a la construcción y al mantenimiento de un orden social donde todos caben; de hecho, uno de sus libros se llama “Die Einbeziehung des Anderen”, publicado en español como “La inclusión del otro”. Una idea que tiene plena vigencia hoy.
A propósito de los pensadores que influyeron en Habermas, una vez escuché que a Habermas le podían decir “Apel-Marx”, aprovechando la similitud fonética con la ya mencionada influencia de Apel y la también notoria influencia de Carlos Marx. De este último es famoso su materialismo histórico, una de cuyas manifestaciones es que la realidad social determina la conciencia del hombre. Esta influencia de Marx es clara en “Faktizität und Geltung”, donde Habermas expone la tensión existente entre la pretensión de legitimidad del derecho y la realidad social. Pero, así como Habermas toma distancia de Apel en un aspecto fundamental (Apel creía que la ética del discurso llevaba a una norma con contenido, Habermas no), también toma distancia de Marx, pues desde el “Manifest der kommunistischen Partei” Marx creía que las condiciones materiales de la sociedad llevaban inevitablemente a una lucha de clases, mientras que Habermas “resuelve” la tensión entre facticidad y validez proponiendo un principio democrático que somete la creación del derecho a la imperfección moral de nuestras vidas.
En un mundo indignado, diverso, con guerras que, de nuevo, amenazan con la destrucción nuclear, leer a Habermas ofrece la esperanza de que un mundo mejor es posible.