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17 de junio de 2026
Jaime Bernal Villegas (1950-2026)
La teoría general del delito de origen alemán necesita de abogados competentes que la pongan en práctica en Colombia.
En 2002, cuando cursé mi especialización en derecho penal en el Externado, vi una materia llamada “Historia de la ciencia” dictada por Jaime Bernal Villegas. Recuerdo que me pareció extraño que un médico dictara un curso en una especialización de derecho, pero el sentimiento desapareció desde la primera clase, en la que expuso sencillas conexiones de eventos científicos con el claro propósito, así lo entiendo ahora, de fomentar la universalidad de la ciencia de una manera sutil y atractiva. En particular recuerdo su presentación de los “huesos de Ishango” como la primera “calculadora” y su idea de que la primera matemática habría sido una mujer, al coincidir la numeración visible en el hueso con el calendario lunar y el ciclo menstrual; también recuerdo la recomendación que hizo del libro “La hija de Galileo” de Dava Sobel, el cual busqué en diversas librerías de Bogotá y solo encontré tiempo después fuera del país en su idioma original “Galileo’s Daughter” (excelente libro, por cierto).
En 2014 lo volví a ver cuando asumió la rectoría de la Universidad Tecnológica de Bolívar, en Cartagena, siendo yo profesor de tiempo completo en esa universidad. Desde esa posición también mostró su compromiso personal con la historia de la ciencia editando la colección “Naturalistas en Cartagena de Indias”, de cuyas entregas él era el autor. En la tercera, dedicada a José Salvany y Lleotar, narra cómo llegó a Cartagena, procedente de España, la vacuna contra la viruela en 1804. La historia, a grandes rasgos, es así. El viaje trasatlántico duraba mínimo un mes y el objetivo era llegar con una vacuna “eficaz”; el principal problema durante el viaje era la alta temperatura, el cual fue contrarrestado trayendo la vacuna viva, inoculándola sucesivamente en 21 niños huérfanos, los “niños vacciníferos”. Los dos primeros se vacunaron en La Coruña, antes de embarcar, desarrollaron la enfermedad la semana siguiente y de ellos se extrajo la linfa con que vacunaron a dos nuevos niños; esa operación se repitió hasta llegar a feliz puerto. Allí inició el segundo problema: poner en marcha una campaña a nivel continental con instrucción de médicos locales.
Hasta donde recuerdo, Jaime Bernal Villegas no añadía moraleja a sus presentaciones de historia de la ciencia, pero a mí me gustaría ensayar una en la que se destaca la universalidad del conocimiento científico, no solo para los naturalistas que llegaron a América procedentes de Europa, sino también para los científicos de las ciencias sociales que ponemos en práctica en Colombia teorías originadas en otros lugares del mundo. En la práctica del derecho penal en Colombia, por ejemplo, se supone que somos “receptores” de la teoría general del delito de origen alemán y algunos académicos se molestan por el lugar pasivo que supone una recepción, reclamando un rol más activo (también los hay que hablan de “neocolonialismo” y “transmutación” si el “viaje de las ideas” se da desde Europa a América). Es como si quisieran haber inventado la vacuna contra la viruela. Esa vacuna funcionó en América, con independencia de su origen europeo; la teoría general del delito de origen alemán también funciona en Colombia. Solo necesita, al igual que la vacuna, de abogados competentes que la pongan en práctica.