Departamento de Derecho Penal y Criminología

Departamento de Derecho Penal y Criminología

Debates Penales Contemporáneos
11 de febrero de 2026

Ludwig Josef Johann Wittgenstein (1889-1951): aportes filosóficos a la ciencia del Derecho Penal y a la evolución de la Inteligencia Artificial.

En tres entregas, reflexionaremos sobre los aportes de este autor al Derecho Penal, la lingüística, la filosofía y la Inteligencia Artificial.

Ludwig Wittgenstein nació en Viena el 26 de abril de 1889. Pese a sus orígenes judíos, fue bautizado en la religión católica. Estudió ingeniería entre 1906 y 1908 en la Escuela Técnica Superior de Berlín-Charlottenburg. Influido por Frege y Husserl, se dedicó luego a la filosofía, que desarrolló en el Trinity College de Cambridge. Participó en la Primera Guerra Mundial como soldado del ejército austríaco. Entre 1920 y 1926 fue maestro de primaria en una escuela rural de la Baja Austria. Sus principales obras son Tractatus logico-philosophicus e Investigaciones filosóficas (1953). Murió en Cambridge el 29 de abril de 1951, a los 62 años.

Desde el estudio de sus principales obras puede desentrañarse el pensamiento de Wittgenstein e identificar su incidencia en concepciones modernas de la teoría del derecho y de la teoría del delito. Su obra más conocida es el Tractatus lógico-philosophicus, concluida en Viena en 1918. Su idea central es que los problemas principales de la filosofía[1] tienen como raíz la incomprensión de la lógica de nuestro lenguaje. De ahí que trazar un límite a la expresión del pensamiento, para hacer pensable lo que normalmente no se piensa, solo sea posible desde el lenguaje.

En el Tractatus, Wittgenstein relaciona mundo y lenguaje mediante la lógica: hablar y pensar con sentido exige un punto común entre lo dicho y el lenguaje. Esa relación se logra al dar forma lógica al lenguaje, y bajo reglas lógicas éste se vuelve método filosófico orientado a la claridad y la certidumbre. Su proyecto es clarificar pensamiento y lenguaje delimitando lo decible y lo no decible para disolver problemas filosóficos. Por eso sostiene que la armonía entre pensamiento y realidad debe buscarse en la gramática del lenguaje. Para evitar confusiones, propone un “lenguaje sígnico”: que no use el mismo signo para símbolos distintos ni trate igual signos con diferente sentido, sino que obedezca a la gramática y sintaxis lógicas.[2]

Narváez Mora, caracteriza el pensamiento wittgensteiniano como solipsista: una verdad que no puede decirse legítimamente, sino solo mostrarse. En ese sentido, “el mundo es mi mundo” expresa esa postura solipista, pero, por otra parte, las particularidades del solipsismo del autor lo hacían coincidir con el realismo.[3]

Jacobo Muñóz e Isidoro Reguera sostienen que, en el Tractatus, Wittgenstein desarrolló un análisis lógico desde el lenguaje, aplicándolo primero a este y luego al mundo y a la mediación entre ambos. Cerrado ese círculo, el análisis que realiza el sujeto toma consciencia de sus verdaderos  límites: esa conciencia de encierro es lo místico. Así, el sistema tendría una base lógica y dos componentes derivados: el metafísico-epistemológico y el místico; en ese orden el autor austriaco estructuró el Tractatus.[4]

En Investigaciones Filosóficas Wittgenstein busca que el sujeto piense por sí mismo y, desde una concepción filosófica del significado, muestra cómo funciona el lenguaje: las palabras permiten conocer y nombrar objetos, y el significado coordina palabra y objeto. Para explicarlo usa la metáfora de la caja de herramientas: hay un martillo, unas tenazas, una sierra, un destornillador, una regla, un tarro de cola, cola, clavos y tornillos. Tan diversas como las funciones de estos objetos, tan diversas son las funciones de la palabra. (Y hay semejanzas aquí y allí)” [5]. La filosofía wittgensteiniana pone el acento en la multiplicidad de usos del lenguaje y formula el “juego de lenguaje”, subrayando la relación entre palabras, enunciados y su uso, hasta concluir: “El significado de una palabra es su uso en el lenguaje”. [6]

Las bases filosóficas sentadas por Wittgenstein, lo muestran claramente como el máximo precursor de la filosofía del lenguaje, esos ideales fueron retomados por Habermas, para destacar que movimiento corporal, interpretación y sentido resultante constituyen los componentes del concepto de acción, a la que equivale la omisión.[7]


[1] Wittgenstein, expresa en esta obra que: «El resultado de la filosofía no son proposiciones filosóficas, sino el que las proposiciones lleguen a clarificarse. La filosofía debe clarificar y delimitar nítidamente los pensamientos, que de otro modo son, por así decirlo, turbios y borrosos». Wittegenstein, Ludwig. Tractatus lógico- philosophicus. Versión e introducción de Jacob Muñoz e Isidoro Reguera. Alianza editorial, Madrid, 2012, página 83.

[2] Wittgenstein, Ludwing. Tractatus lógico- philosophicus. Ibidem, página 71. En esa comprensión de la gramática señala el autor, lo siguiente: «Se podría distinguir en el uso de una palabra una «gramática superficial» de una «gramática profunda». Lo que se nos impone de manera inmediata en el uso de una palabra es su modo de uso en la construcción de la proposición, la parte de su uso- podría decirse -que se percibir con el oído. – Y ahora compara la gramática profunda de las palabras «referir», por caso, con lo que su gramática superficial nos haría suponer. No es de extrañar que nos sea difícil orientarnos», Investigaciones filosóficas, página 233.

[3] Narváez Mora, Maribel. Wittgenstein y la teoría del derecho. Una senda para el convencionalismo jurídico. Marcial Pons, Barcelona, 2004, página 51.

[4] En la introducción, al Tractatus — lógico- philosophicus. Ibidem, página 26.

[5] Wittgenstein, Ludwig. Investigaciones filosóficas. ibidem, página 56.

[6] Wittgenstein, Ludwig. Investigaciones filosóficas. ibidem, página 73.

[7] Habermas, Jürgen. Teoría de la acción comunicativa: complementos y estudios previos. Traducción de Manuel Jiménez Redondo. Editorial Rei, México, primera reimpresión, 1996, páginas 233 a 260.