Actualidad
7 de octubre de 2026
El cáncer de la preparación de testigos
Una reforma más importante que la eliminación de la imputación.
Parte I
Apenas seis días después de los atentados del 11 de septiembre de 2001, agentes del FBI allanaron un apartamento en Detroit buscando a Nabil al-Marabh, un importante sospechoso de terrorismo. No lo encontraron. En cambio, allí estaban tres ciudadanos árabes (Karim Koubriti, Ahmed Hannan y Farouk Ali-Haimoud) en posesión de documentos de identidad falsos que, diez días después, fueron procesados únicamente por fraude documental, pues no existían pruebas para acusarlos de terrorismo.[1]
Al menos no aún. Al menos no hasta que la Fiscalía capturó a Youseff Hmimssa –en adelante, el testigo estrella– otro ciudadano árabe que había vivido con algunos de ellos y era fugitivo buscado por fraude.
Hmimssa no lo dudó y rápidamente se convirtió en testigo de la acusación –declarante compensado– a cambio de que la Fiscalía le solicitara una reducción sustancial de pena. Por sus dichos, los ciudadanos inicialmente capturados fueron procesados por terrorismo en lo que pasó a ser el primer gran caso de terrorismo post 9-11 en los Estados Unidos.
A grandes rasgos, el testigo estrella dijo conocer a los tres capturados y tener claro que estaban involucrados en actividades terroristas. Primero dijo que, sin haber participado él mismo en esos delitos, sí había escuchado a los procesados hablar en el apartamento acerca de su intención de comprar armas a “un hombre negro”. Luego añadió que el vendedor era un “hombre negro musulmán”, y en otra declaración complementó que había escuchado que las armas se comprarían a un “brother” –término que, según él, era utilizado para referirse a otros extremistas islámicos– para ser enviadas a una organización terrorista argelina denominada GIA.[2] A medida que las declaraciones avanzaban sus dichos se parecían menos a una descripción de criminalidad común y más a una de terrorismo.
Como era de anticiparse, Hmimssa recibió sus beneficios y, a cambio, los acusados fueron condenados por terrorismo, exponiéndose a décadas en prisión.
La injusticia que se estaba cometiendo solo se pudo evitar cuando se descubrió que la Fiscalía estaba ocultando material exculpatorio. La revelación llevó al juez del caso a resolver que:
“La Fiscalía engañó materialmente al Tribunal, al jurado y a la defensa respecto de la naturaleza, características y alcance de pruebas fundamentales que constituían pilares importantes de la teoría de la acusación…”[3]
Por todo ello, el juez ordenó que se adelantara una investigación interna con el fin de establecer todas las irregularidades en las que incurrió la acusación dentro del caso. De allí se conoció, finalmente, que el testigo se había reunido, en total, entre 20 y 30 horas con la Fiscalía sin que se conociera qué había sucedido durante esas reuniones, qué le habían dicho o cómo se habían producido las modificaciones progresivas de su relato. Y que la razón por la cual no había registro alguno de esas reuniones era, precisamente, que el fiscal titular del caso –Richard Convertino– había dado la orden de no registrarlas.[4]
Para hacer corta la historia larga, la condena por terrorismo fue revocada[5]. Convertino, el fiscal del caso, fue acusado penalmente y demandado civilmente por algunos de los procesados en virtud de sus maniobras[6]. Y, lo más importante, el caso se convirtió en una de las banderas de guerra de quienes resaltan los enormes riesgos de las reuniones secretas de preparación que los fiscales adelantan con sus testigos.
Entre muchos otros que se han preocupado por el asunto, resulta necesario destacar el trabajo del profesor de la Universidad de Pace, Bennet Gershman. Y si usted quiere saber por qué Gershman denomina esta práctica como “el secreto oscuro del sistema adversarial” y cómo su trabajo ha impactado legislaciones de diversos ordenamientos jurídicos de primer nivel en el mundo, lo invito a que lea la próxima entrada de este blog.
[1] Bennett L. Gershman, How Juries Get It Wrong—Anatomy of the Detroit Terror Case, 44 Washburn L.J. 327, 330. 2004
[2] Ibid.
[3] Traducción propia de United States District Court for the Eastern District of Michigan, United States v. Koubriti, 336 F. Supp. 2d 676, 684–685 (E.D. Mich. 2004).
[4] Op. Cit. Bennett L. Gershman, How Juries Get It Wrong—Anatomy of the Detroit Terror Case.
[5] United States District Court for the Eastern District of Michigan, United States v. Koubriti, 336 F. Supp. 2d 676, 684–685 (E.D. Mich. 2004).
[6] Koubriti v. Convertino, 593 F.3d 459 (United States Court of Appeals for the Sixth Circuit, 2010)